En los tiempos en que el ganado era una propiedad común, se volvió necesario encontrar una manera de identificarlo para que no se perdiera o se fuera a confundir con el del vecino. De ahí proviene el término “branding”, que en aquel entonces equivalía a “marcar” a los animales como pertenencia de una persona o compañía, y de ahí, el término se utilizó para designar al nombre o a la etiqueta que diferenció a muchos productos desde la Revolución Industrial.
Hoy en día, todos tenemos un “branding”. Desde las personas hasta los grandes grupos corporativos. Es el resultado de nuestras acciones diarias y definitivamente es una manera de medir lo que vale nuestra imagen. Algunos lo consideran como una herramienta de mercadotecnia, pero va más allá de las ventas porque el “branding” tiene un impacto integral, ya sea a nivel personal o empresarial, y aunque algunos piensen que es una moda, el “branding” es la manera más poderosa, eficaz y efectiva de cumplir sus objetivos.